El Cazador de Tesoros

Tac tac tac, escribe y sigue escribiendo. Luego de completar un tedioso documento en el computador de mi oficina voy por el clásico vaso de agua en la dispensadora que toma más tiempo del que debería. Una mujer en sus treintas se acerca a hablarme. Es mi jefa, me entrega la información que le había pedido.

  • Ten cuidado ahí afuera, habrá tormenta de fuego. – Me dijo con desdén.
  • Lo tendré en mente. – Respondí.

Dentro de mí se acumulaba una codicia hambrienta, sentí la ansiedad de estar muy cerca de satisfacerla. Eso me ponía de buen humor, algo que no se presentaba muy a menudo en mi aburrido empleo. Salí más temprano ese día, no recuerdo el método de transporte que utilicé para llegar a mi departamento, pero tal vez es porque no existía tal cosa.

Comencé a prepararme, tomé una mochila, un casco espacial, unos propulsores y un reloj que parecía ser más avanzado que cualquier cosa que conocía hasta entonces. Manipulando el reloj, abandoné la realidad que componía mi habitación en el pequeño departamento. Aparecí en una tierra chamuscada por un calor abrazador, su sol estaba demasiado cerca. Uno de los objetos que tomé antes de partir me protegía de calcinarme. El cielo era un caos, completamente nublado y hecho un recital de truenos y rayos, además del ocasional meteorito que asediaba la superficie del planeta. Eso comprobaba la advertencia que me habían dado antes de salir.

Comencé a volar sobre las llanuras y montañas del lugar, a la distancia había varios volcanes activos y el suelo tenía fallas de varios kilómetros de profundidad, bastante anchas por lo demás. La luz se perdía en estas enormes grietas, era como mirar directo hacia el abismo. Debía ser precavido en mi vuelo, además de esquivar los meteoritos tenía que estar atento a no atravesar anomalías dimensionales. De cruzarme con una, era muy probable que mi reloj se desconfigurara y las coordenadas que utilizaría para volver a casa no me llevarían precisamente hacia allá.

  • ¡Fuck!

Me encogí de hombros y rápidamente me oculté detrás de una montaña. Había visto un dragón aparecer súbitamente desde las nubes, dejar que me detectara no sería nada productivo. Esperé con paciencia en mi escondite, sin dejar poner un esfuerzo considerable para mantener mi compostura, hasta que la criatura pasó volando por encima y se alejó sin si quiera voltear. Retomé mi vuelo y llegué al cráter de un volcán, uno de los pocos que estaba inactivos. El magma solidificado estaba aún cerca de la cima del cráter, y sobre esa superficie había una enorme estructura de piedra al centro, algo así como un altar. Alrededor de este, tres pilares con un cristal violeta cada uno. Entendía que para abrir el cofre que había en el altar tenía primero que manipular los cristales. Tras una revisión rápida de cada uno, noté que uno de ellos estaba algo opaco, le faltaba energía. Deduje que podría reactivarlo si lo bañaba con fuego líquido, pero es un tanto caro y no pensé que iría a necesitarlo. Tuve que volver a mi oficina.

La dimensión en la que estaba mi oficina era una especie de dimensión ejecutiva. Lo único que había era edificios infinitos de distintos tipos y diseños, cada uno iluminado con sus propios focos. Todo lo demás era oscuridad, no había cielo, tierra, nada. En estos edificios uno podía conseguir un trabajo de por vida, las oficinas tenían un suministro de oxígeno y podías ir a trabajar cuando quisieras. Al parecer las propiedades del tiempo eran distintas ya que las fechas de entrega para los informes y otras formalidades eran muy flexibles. Siempre y cuando fueras a trabajar al menos una vez al año, estabas a tiempo de hacer todas tus entregas, y te pagaban de acuerdo a las metas que completabas y la cantidad de horas que pasabas en la oficina. Por ende, por muy cómoda que fuera la idea de poder elegir cuándo trabajar, postergarlo no era muy rentable. Trabajé un par de horas y junté dinero suficiente como para comprar una botella capaz de soportar el fuego líquido y por supuesto, la sustancia en sí.

De vuelta al altar, vacié la botella de fuego líquido y el cristal se reactivó en cuestión de segundos, pero así también lo hizo el volcán. Usé uno de mis dispositivos y me teletransporté  a varios kilómetros de distancia del volcán, este comenzó a temblar en explosiones de magma y humo. La reactivación podría significar que pasarán varios años antes de que pueda acceder a recoger mi tesoro, o bien podría trabajar hasta conseguir dinero para comprar un traje anti magma. Ambas opciones tomaban demasiado tiempo, pero yo era un profesional impaciente.

Me trasladé a la dimensión de lego. Como era de esperarse, mi cuerpo cambió al de un lego, y era una dimensión bastante alocada. Tenía ciertos lugares que asimilaban la vida común de la tierra, y otros que eran una ensalada de cosas. Si bien la dimensión de lego es un lugar interesante para visitar y divertirse un rato, ciertos conocimientos sobre la ley de la causalidad me daban a entender que si movías y cambiabas las piezas adecuadas, bien podrías generar cambios en otras dimensiones…

Tardé un poco en encontrar las piezas necesarias, tuve que ir a la zona espacial y cambiar las piezas de una estación espacial. No dañé la estructura al hacerlo, o al menos no de forma permanente, y entendía que lo que estaba haciendo podía ser sumamente ilegal ante ciertas autoridades. Con mi tarea terminada, volví al planeta chamuscado. Mis cálculos fueron correctos, el volcán seguía activo pero estaba en reposo. Me apresuré en abrir el cofre y extraer mi recompensa, era una reliquia cuyo valor sobrepasaba con facilidad los billones de dólares. Satisfecho, volví a casa y puse la reliquia junto a otros tesoros de mi colección. Luego de relajarme y sin mucho más que hacer, decidí volver a la oficina un rato. Introduje las coordenadas y al accionar mi reloj, desperté.

Nota del autor:

Este sueño fue realmente increíble. La idea de viajar entre mundos y dimensiones distintas siempre me ha atraído un montón, a veces por la enorme curiosidad que me produce lo que podría encontrar ahí, sea criaturas inimaginables o estados de la materia imposibles. Lo que más me impresiona de este sueño es la meticulosidad y profesionalismo con el que trabajé. Durante todo el proceso me sentía muy a gusto, podía deducir cada paso a seguir con el fin de extraer el tesoro y tener esa habilidad me hacía sentir muy astuto. Entender cómo funcionaban las dimensiones también fue muy curioso, hubo varios detalles que podía dar por sentado gracias a mi experiencia como cazador de tesoros.

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Published by: Zhungate

Saludos! Soy un estudiante de traducción que por alguna razón tiene sueños muy locos. He creado este espacio en las interwebz para compartirlos con el mundo.

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