El Ritual Oscuro.

Esto comienza en mi antiguo colegio. Yo, aun como estudiante, me paseaba por los pasillos en busca de mi próxima clase. Era una vida normal de estudiante, con todos los grupos que uno se espera, los nerds, los populares, los aplicados, los artistas  y hasta los góticos.

Por alguna razón el grupo de los góticos era el más odiado en el colegio. Yo en realidad entendía muy poco de esa situación, solo sabía que los populares les aborrecían y los góticos poco y nada de atención le prestaban a nadie que no fuera de su círculo. La situación en realidad me traía sin cuidado. Un día, sin embargo, los populares hicieron toda una revuelta para expulsar a los góticos del colegio. Supuestamente, su estilo ponía en vergüenza a todo el colegio ya que no respetaba las reglas y era de muy mal gusto. Por una parte es cierto que los góticos eran los únicos que no usaban el uniforme para asistir a clases, pero lo otro era un argumento que dejaba mucho que desear. Ante todo el colegio gritando y haciendo una revuelta para que los expulsaran mientras les rodeaban en el patio, la reacción de los góticos fue simplemente decir que les dejaran en paz. Los populares, por supuesto, no iban a complacerles, pero hubiera deseado que lo hicieran. En conjunto, los góticos recitaron un cántico en un lenguaje incomprensible. Sus manos comenzaron a emanar un aura fluorescente que súbitamente explotó en un flash de luz. Para cuando pude recuperar mi visión, las cosas habían tomado un giro imposible de predecir.

El colegio se había transformado en un gigantesco coliseo en cuyo centro había un escenario con bandas tocando música en vivo. Recuerdo que, específicamente, Helloween, Nightwish y Evanesces tuvieron su turno en el escenario. En el puesto de los emperadores estaban los góticos presenciando su creación. Repartidos alrededor del escenario, tendidos sobre una manta en el suelo estaban todos y cada uno de los alumnos del colegio. Habíamos sido afectados por alguna especie de ritual oscuro, un hechizo de tortura en masa. Teníamos varias agujas atravesadas en nuestra piel, casi en todo el cuerpo. Eran de unos tres milímetros de grosor y unos quince centímetros de largo, y atravesaban nuestra piel como cuando alguien se hace una herida superficial con un alfiler, solo que en serio.  Supuestamente, aquel que pudiera sacárselas todas podía marcharse del lugar. Los músicos aparentemente no veían lo que ocurría en realidad, pues no se mostraban alterados ni reaccionaban ante nuestro estado. Aquí las cosas se volvieron indeseablemente lúcidas.

Mi primera reacción ante el ritual fue una ira desenfrenada. Encontraba injusto tener que soportar un dolor tan insufrible siendo que yo no formé parte de la estúpida revuelta. Las agujas estaban hechas de hueso, con una superficie muy áspera que mordía la carne con crueldad. El sólo moverme causaba que las agujas aserrucharan mis heridas, pero ese dolor alimentaba mi furia aún más. Apretaba los dientes con un ademán bestial, gruñía y gritaba sin escrúpulos, babeaba como el más rabioso animal. Cada aguja que me sacaba estiraba mi piel y a veces el tironeo causaba que chorros de sangre a presión salieran de las heridas. A excepción de mí, todo el coliseo era una tormenta de gemidos, llantos y lamentos. Vi a algunos completamente resignados, sucumbiendo a la locura que les producía el dolor y la imposibilidad de liberarse de él. Yo estaba decidido, y cabreado hasta más no poder. Había un compañero mío a mi derecha, un tipo bien alto y fornido que estaba teniendo muchas dificultades. Se quejaba entre llantos y me pedía ayuda. No le dije nada, simplemente seguí con mi cruenta lucha. Una vez me hube liberado por completo, me pareció imposible que mi cuerpo tuviera tanta sangre para perder. Mi ira se sintió menguada por el mareo y la falta de fortaleza que ahora me afectaba. A pesar de ello, puse manos a la obra en ayudar a mi compañero. No paró de quejarse durante todo el proceso, pero eventualmente logré liberarle de su aflicción. Me demostró infinita gratitud y le respondí que no había tiempo para eso, que teníamos que salir de ahí. Mi compañero fue a atender sus heridas no sé a dónde, pero yo fui a hablar con la tía Marta.

No estaba muy seguro de quién era esta tía Marta, pero una parte de mi consciencia entendía algo importante sobre ella. Llegué a un pequeño almacén donde me atendió una viejita muy amable. Se mostró preocupada al ver mi estado, pero tras explicarle lo ocurrido se contagió de la misma ira que me alimentaba. Saco del bolsillo de su delantal un radio y dijo la típica frase.

  • Atención a todas las unidades.

La tía Marta era cabecilla de un grupo de mafiosos con mucha influencia y poder. Tenían su propio concepto de justicia, el cual afortunadamente coincidía casi siempre con el sentido común. Dentro de nada se agruparon una serie de helicópteros y autos que comenzaron a asediar el coliseo. Los góticos intentaron defenderse con su hechicería, pero fueron eventualmente capturados. Aún bajo cierto aprisionamiento, seguían luchando contra los mafiosos de la tía Marta, pero al menos habían logrado sacarlos del coliseo. Fue ahí cuando varios grupos de mafiosos comenzaron a ingresar al coliseo y liberaron a todos los estudiantes de su terrible condición. Ante esa vista, el coliseo rodeado de varios helicópteros y docenas de autos, todo un escuadrón de mafiosos que actuaba como si fueran fuerzas especiales y con mis heridas un poco cicatrizadas, mi furia se apagó un poco, pero no así mi confusión al despertar.

Nota del autor:

Realmente no supe qué pensar una vez desperté de este sueño. Me preocupé bastante, pues algo tiene que andar bastante mal para que mi subconsciente produzca una visión tan macabra. Lo más lúcido de todo el sueño fue el proceso de quitarse las agujas, cada una tomaba su tiempo, causaba un dolor infernal y ese dolor me producía una furia el doble de intensa. Creo que estaba enojado no solo porque consideraba injusto el enorme poder que tenían los góticos y cómo lo habían aplicado, sino que además sentía que había sido arrastrado a una situación demasiado desagradable, yo no quería tener nada que ver con todo el asunto. Por otra parte, la tía Marta es todo un personaje.

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