La Reliquia.

Despierto en mi cama. Es un día algo nublado, lo cual hace que lo espacioso de mi pieza se sienta un poco vacío. Mi cama es sorprendentemente grande, tiene techo y la madera está trabajada con mucho detalle. Hay alfombras de piel en el suelo, una mesa de té y tengo un closet enorme. Me visto sin muchos ánimos y comienzo a caminar por los largos pasillos hacia la cocina.

La sirvienta me llama. Es una joven atractiva, no mucho mayor que yo.

  • Tiene visitas, le esperan en el patio trasero.
  • ¿Mh? Vale, ya voy. Gracias.

No recuerdo estar esperando a nadie, y aunque mi humor no es el mejor decido ir a ver quién es por mera curiosidad.

Salgo por la puerta de la cocina y paso por el jardín. Está sobrecargado de flores y arbustos que rodean una fuente, todo ornamentado con rasgos victorianos, desde la forma en que cortaron los arbustos hasta la arquitectura de los caminos y la fuente. No tardo en adentrarme en las extensiones de pasto que componen mi patio, un sitio muy amplio y del cual no se podía determinar hasta dónde llegaban los límites de mi hogar. Puedo ver una figura femenina a la distancia, de cabello negro y piel pálida. Al verme me saluda con emoción.

  • ¡Vicente!

Corre hacia mí y me da un abrazo. Su alegría me contagia un poco, sus ojos azules me hacen sentir un hormigueo en el estómago, y aunque no estoy seguro de haber visto una chica así le trato como mi mejor amiga. Intercambiamos una serie de “¿Cómo estás” y “¿Qué ha sido de ti?”, al parecer no la veía hace tiempo.

  • ¿Y qué te trae por acá? Pensé que estabas de viaje – Comenté
  • Sí, pero volví porque tenía unas cosas pendientes. Lo que me recuerda, ¡Feliz cumpleaños!

De pronto llega un enorme camión por el camino de tierra que estaba por el costado del patio, y con la ayuda de algunos hombres que venían en el vehículo descargaron una casa rodante del contenedor. Sorprendido con el regalo, no atino a decir algo muy consistente.

  • ¿Y eso?
  • ¿Recuerdas esa vez cuando éramos pequeños y me dijiste que te gustaría tener una casa rodante para recorrer el mundo? ¡Pues aquí está!
  • Naaa, ¿En serio aún te acuerdas?
  • Por supuesto que sí
  • No me lo esperaba, es todo muy repentino, pero gracias.

Ella se limitó a darme la más dulce sonrisa, y sentí que debía devolverle el gesto con un abrazo. Lo recibió con gusto.

  • Sé que llegó un poco atrasado, pero llegó al fin.
  • Heh no te preocupes por eso, ha sido una sorpresa muy agradable. Solo pienso que aún no se me ocurre qué regalarte.
  • Pfff, no te preocupes por eso, falta todavía.
  • Puede ser, pero quiero que sea algo lindo.

Y mientras bromeábamos con las tentativas de su posible regalo, la atmosfera de nuestra conversación se vio abatida en lo que cae un rayo, literalmente. Era un día gris, era de esperarse que hubiese algo de actividad electromagnética en los cielos, un poco de lluvia comenzó a caer. Pero lo que ambos no esperábamos era la silueta que por fracciones de segundo se reveló en el techo de mi casa tras verse el relámpago. Un escalofrío se hizo con ambos, pude ver con claridad como ella se estremecía y abría los ojos tanto como yo. Volteamos lentamente hacia la estructura de mi casa, en un estado de negación, como si no quisiéramos admitir lo que estaba ocurriendo.

Tras pasar el segundo, nuestros cuerpos por fin reaccionaron. Comenzamos a correr a una velocidad inhumana hacia adentro, con una agilidad imposible. Cruzamos la cocina, atravesamos el enorme living comedor y subimos las largas escaleras para llegar a un vestíbulo en el segundo piso, nos tomó alrededor de tres segundos. Al entrar, antes si quiera de registrar la habitación, abrí el cajón del escritorio y saqué una especie de reliquia, algo que era imprescindible y que debía proteger a toda costa. Casi al mismo tiempo, desenfundo una daga que estaba junto a la reliquia, una pieza maestra de herrería.

  • Deberías esconder mejor tus tesoros. – Una voz llena de sarcasmo suena a mis espaldas.

Volteo. Mi más profundo miedo se confirma por completo. Al otro lado de la habitación, sentado en un sillón, yace un hombre de piel sobrenaturalmente pálida. Entiendo que es un vampiro, y que específicamente él no debe poner sus manos en la reliquia. Mi amiga y yo estamos paralizados, sabemos muy bien que no hay nada que podamos hacer contra él, nuestro miedo ejerce una tensión horrible en los tendones de nuestros corazones.

  • Ahora si me disculpas, creo que tienes algo que me pertene…

No le dejo terminar la oración y arremeto contra él. En un abrir y cerrar de ojos le embisto, daga en mano, y le apuñalo con fuerza suficiente como para ensartarlo contra la pared. La pared se triza un poco, algo de polvo cae del techo. Casi inmediatamente después un manotazo en la mejilla me hace volar de un extremo al otro del vestíbulo.

  • Mocoso insolente. ¡No tengo tiempo para tus pataletas!
  • ¡Vicente! ¡Gah!…

Antes de que mi amiga pudiera auxiliarme, el vampiro envuelve su cuello con sus poderosas garras. Poco después yo sufro el mismo destino.

  • No tienen idea de lo fácil que sería partirles el cuello con un pulgar. Alimañas como ustedes no tienen lugar en este mundo, pero lamentablemente no es mi trabajo encargarme de su juicio final.

La presión brutal que ejerce su presa sobre mí me deja sin oxígeno en cuestión de segundos. Mi tenacidad se desvanece y pierdo la fuerza hasta para sostener la reliquia, la cual cae al suelo y tintinea al rebotar con la alfombra. Siento que es el fin, pero el núcleo de mi desesperación está enfocado en mi impotencia, en mi incapacidad de proteger a mis seres queridos. Inútilmente aprieto la muñeca de mi agresor con mi mano izquierda, y con la derecha intento alcanzar a mi amiga, quién ya muestra señales de estar desvaneciéndose.

  • Tienes… que… encontrarlo… Sólo él… puede… ¡Ahk! Ayudarnos…

En un último esfuerzo sobrehumano, usa sus últimos momentos de lucidez para recordarme de un poderoso aliado. Veo con angustia como su vitalidad comienza a escaparse, y cómo me ocurre lo mismo mientras mi visión se nubla y comienza a ennegrecer lentamente.

Y tragando una enorme bocanada de aire, desperté.

Nota del autor: Este sueño fue muy curioso y divertido a su manera. A veces pienso si es que conozco a esa personita que me trataba con tanto cariño y que al parecer conocía hace mucho tiempo, pero no puedo llegar a ninguna conclusión factible. Por otra parte, la forma en que se desarrollan los eventos es muy vertiginosa, pude sentir parte de la adrenalina y el miedo que brotaron al final. Por alguna razón mi amiga y yo no éramos seres humanos comunes y corrientes, y más adelante es obvio que tampoco se trata de una realidad cotidiana. De un momento a otro, sentí que estaba involucrado en una historia mucho más profunda y compleja de lo que aparentaba el sueño en un principio, y es una pena porque quedé realmente intrigado con todo lo que había detrás. Creo que no soy el único haha.

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