La Chica de los Ojos Ámbar.

Antes de abrir los ojos puedo sentir como mi cuerpo se remece suavemente. Estoy sentado en la parte trasera de un humvee, y me toma un momento orientarme luego de despertar. Siento que no había tenido un descanso apropiado hace semanas, y con buena razón.

La Tierra había sido arrasada por un horrible virus que deterioraba y alteraba radicalmente los cuerpos y mentes humanos. Así es, se trataba de un apocalipsis zombie. Luego de varios días de huir y esconderse por fin encontré una unidad militar que me pudiera brindar protección. Son parte de un proyecto vital para nuestra supervivencia, pues además de buscar sobrevivientes y darles refugio están trabajando con un equipo de médicos y científicos para encontrar la cura al virus que tanto aflige a la humanidad. Cuando estos militares me explicaron su iniciativa, no pude evitar sentir un alivio gigante. Es el alivio que solo puede surgir cuando llevas días sin esperanzas y de súbito las recuperas.

Llegando al refugio, me incluyeron rápidamente en el programa. Lo que ellos intentaban hacer en ese lugar, además de brindar las necesidades básicas, era acercar a las personas lo más posible a una vida más cotidiana. Había una escuela para los niños y jóvenes, un gimnasio, una casona de talleres y un centro de terapia donde la gente podía hacer sesiones grupales. Cada uno tenía un pequeño departamento con instalaciones básicas: Una cocina, un baño y una pieza. Se me acogió en uno de esos departamentos, que por cierto estaban instalados dentro de grandes containers. La estructura del laboratorio de investigación era por lejos la más impresionante, una instalación de aspecto futurista construida completamente de acero (o tal vez una aleación más poderosa) que se ubicaba al centro del refugio.

Los distintos servicios eran realizados por personas tanto del grupo militar como por los refugiados. Podía ocurrir que entre estos últimos había alguien que solía ser doctor o profesor y ayudaba a suplir los distintos roles. Yo no tardé en integrarme a las clases. Era un poco nostálgica la sensación de tener “vida escolar” nuevamente, pero era imposible olvidarse de la situación en la que estaba cuando mi clase tenía alumnos de todas las edades en una misma sala, desde los 7 hasta los 20 años. Para mi suerte, había una chica en la clase que tenía 16 igual que yo. Pensé que eventualmente podría tener alguien con quien compartir, pero todavía siendo nuevo a la clase no tenía ánimos de hablarle. Ella, sin embargo, me habló desde el día uno.

Por alguna razón que probablemente no veía por mera negación, esta chica se interesaba mucho por mí. Siempre estaba invitándome a salir o a hacer cualquier tontera. Nunca encontré una excusa para decirle que no, aun cuando al principio me sentía un poco presionado a acompañarla. No paso mucho tiempo antes de que empezara a sentirme a gusto con su compañía. Lo encontraba un poco insólito, ella era una chica muy risueña, juguetona y atractiva. Tenía el cabello rojo en las raíces, color que se degradaba en naranja y luego amarillo hacia las puntas de su pelo, y algo que nunca había visto antes: Ojos de color ámbar. Comparado con una persona tan llamativa, yo sentía que hacía un contraste bastante aburrido, pero eso pareció nunca importarle.

Pasamos alrededor de un mes juntos, compartiendo y viviendo nuestras vidas de refugiados, hasta que un día ella me invitó a su departamento, decía que tenía algo especial que mostrarme. Me contaba que algunos de los refugiados fueron rescatados desde sus casas, y que por ende tuvieron la oportunidad de preservar algunas de sus pertenencias. Claramente no le pude ganar a la intriga, así que fui a visitarla cuando cayó la tarde. Su departamento no era mucho más grande que el mío, era una diferencia de unos cuantos centímetros, pero se sentía más pequeño por la cantidad de cosas que tenía en su habitación. Entre esas cosas había una sorpresa muy agradable, un televisor y un Playstation 1. Pasamos la tarde entera jugando todo tipo de cosas, cocinamos juntos y nos quedamos hasta tarde conversando de juegos e historias fantásticas. Yo había olvidado que la hora era un factor del que debía preocuparme hace rato, estaba demasiado entretenido y feliz. Eventualmente llegó el momento en el que ya has jugado demasiado y necesitas un descanso, y no sé cómo es que pudieron pasar tantos detalles desapercibidos.

Apagué la consola, dejando la habitación con la tenue luz del televisor para iluminarnos. Estábamos sentados en el suelo frente al televisor, con la espalda apoyada en su cama. Ella tenía su cabeza apoyada en mi hombro y uno de sus brazos entrelazado con el mío. La miré con la intención de decirle que ya era hora de irme, pero no fui capaz de soltar una palabra cuando fui atrapado por el brillo de sus ojos. Al devolverme la mirada, ella esbozó una caprichosa sonrisa, como si todo este tiempo las cosas hubieran salido de acuerdo a su plan, y sin la advertencia más mínima me plantó un apasionado beso. Fue un beso hechizante, oponer resistencia estaba fuera de mis opciones cabales. Su iniciativa era casi voraz, se movía con ansiedad y paciencia al mismo tiempo, se sentó sobre mi regazo y comenzó a desnudarme. Mis instintos me ordenaron, no, me exigieron que la desvistiera a ella. Cada vez que una prenda se interponía ante el abrazo de nuestros labios nos buscábamos casi con angustia para restablecer la conexión. Quedamos en ropa interior, y sin muchas opciones de poder ocultar nuestro deseo incandescente. Ella presionaba su pecho contra el mío, conducía mis manos a las distintas partes de su cuerpo donde podía hundir mis dedos como un depredador, solo para después acariciar su piel con la delicadeza con la que se posa una mariposa en una flor. Pero algo ocurrió. Cuando ella me imploraba con la impulsividad de una niña marcada en su mirada, con la respiración agitada y las piernas temblorosas, algo ocurrió. Le dije que no.

Había un motivo por el cual no podía aceptar su ofrenda. Si bien no supe verbalizar cual era mi inquietud, sí tenía la certeza de que era algo que no debía pasar por alto.  Le pedí disculpas como si no hubiera mañana, le comenté que no podía decirle la razón pero que era importante. Traté de hacerle entender que era algo que no tenía nada que ver con ella, que difícilmente habría estado en una situación tan íntima con alguien tan hermosa en el pasado, y que en realidad me gustaba mucho. Y es probable que haya sentido algo similar al enamoramiento cuando posó su dedo índice sobre mis labios y me dijo sonriendo.

  • Está bien, no tienes que darme explicaciones. Lo entiendo.

Sentí que era lo peor, pero a la vez no podía dejar de querer darle todo el cariño del mundo a un ser tan luminoso como ella. Nos acostamos en su cama y pasamos gran parte de la noche sumidos en caricias y abrazos. Aunque no pude deshacerme de la sensación de que la había decepcionado enormemente, sí pude ver genuina felicidad en la forma en que se acurrucaba en mi pecho y me abrazaba con fuerza. Esa madrugada volví a mi departamento, luego de despedirme de ella y de darle las gracias por todo. Me agradeció de vuelta, me dijo que estaba muy feliz.

Al día siguiente, hice mi vida como en cualquier otro día. Llegué temprano a la sala de clases. Poco a poco comenzaron a llegar mis compañeros. Cuando la sala estaba un poco más de la mitad llena, comencé a sentirme ansioso. ¿Dónde estaba ella? Antes de que comenzara a la clase me excusé con el profesor porque tendría que faltar ese día. Fui de inmediato a su departamento, la llamé y toqué varias veces su puerta. No hubo respuesta. Comencé a preguntarle a todos los que conocía en el refugio si es que la habían visto. Como ya empezaba a desesperarme, acudí a los militares. La respuesta que recibí rompió algo dentro de mí, algo importante.

Habían detectado la presencia del virus en ella. Como era un potencial peligro para la integridad del refugio, fue puesta bajo cuarentena en las instalaciones del laboratorio. Pronto harían experimentos con ella con la esperanza de que encontrarían la cura. Cuando quise preguntar sobre la naturaleza de estos experimentos, no contestaron nada. Tuve el peor de los presentimientos. Sin si quiera considerar que tal vez yo podría ser un portador ahora, mi rabia ante la situación tomó el control por completo.

Durante la semana que siguió después de esa noticia comencé a moverme en secreto por el refugio, desacreditando y difamando a los militares, buscando aliados, gente que se opusiera a su injustica. Decían querer darnos una vida normal, pero harta incoherencia había en el hecho de someter y experimentar en una joven indefensa. ¿Habré estado cegado por la impotencia? Tal vez. Pero el solo pensar que ella podría estar sufriendo todo tipo de atrocidades me sacaba de quicio. Eventualmente me encontré con un individuo de dudosa procedencia, alguien que estaba más preparado que yo para encabezar una revuelta. Él se encargó de conseguir planos del laboratorio, diseñó un plan de acción e hizo pronósticos de los resultados que podríamos alcanzar. En el peor de los casos, todos los involucrados morirían. En caso contrario, se resguardarían los derechos de una joven. No sé en qué minuto se me ocurrió pensar que los Derechos Humanos eran algo que debíamos exigir, tomando en cuenta que de no ser por la intervención militar seguiríamos en el salvajismo y depravación que es vivir entre los zombies. Supongo que nada de eso importaba ahora.

Entonces llegó el día. La revuelta estalló como un volcán en todas partes del refugio. Mientras que nuestros aliados causaban una enorme conmoción, mi cómplice y yo nos infiltramos al laboratorio. Burlando todo tipo de mecanismos de seguridad, llegamos a la cámara de cuarentena. Ahí estaba, flotando desnuda en un líquido verde dentro de una cápsula de vidrio, llena de electrodos y otros aparatos. Justo cuando tuve la oportunidad de manipular el panel de la cápsula llegó un escuadrón de solados para someternos. Yo no sabía con qué fuerza y destreza mi cómplice se las arreglaba para hacerles frente, habilidad que utilizó para liberarme de ellos. Mi corazón estaba latiendo con peligrosa intensidad, todo el caos que se escuchaba desde afuera más la situación desesperada en la que me encontraba me producían un estrés insoportable. Tomé una luma del suelo que uno de los soldados había botado durante el enfrentamiento con mi cómplice, y con ella empecé a azotar el vidrio de la cápsula. Con un golpe decisivo, destruí casi por completo el cristal, el líquido comenzó a salir a raudales arrastrándola a ella en el proceso. Se deslizó por la cerámica unos centímetros, y de inmediato pude notar cuánto había empalidecido. Lo que antes era un rosa cálido y vivaz ahora era un grisáceo como la nostalgia de las cenizas en su piel, parecía la criatura más frágil de la existencia. Quise hacerla sentir que ya todo había terminado. Quise abrazarla y hacerle sentir el mismo alivio que sentí yo cuando recuperé mi esperanza.

Pero fue ante esa sensación, ante ese escenario tan desolador… que desperté.

 

 

Nota del autor: Creo que es justo que explique a los lectores por qué diablos me habré negado a la propuesta de esta joven. Resulta que cuando tuve este sueño, en ese momento de mi vida yo tenía novia. Y recuerdo que fue muy extraño, fue como si la parte consciente y subconsciente de mi mente hubiesen tenido una pequeña conversación en el desarrollo de esa “escena”. Me dije a mi mismo “Hey, no puedes hacer esto, tienes novia, la estarías engañando, ¿No?” Y aunque fuese completamente irrelevante para el contexto del sueño, definitivamente terminó por condicionar su resultado. Mi versión del sueño no supo cómo explicarle eso a esta chica, pero lo que vino después fue muy reconfortante. Ella ni si quiera se interesó en preguntarme más allá, simplemente entendió que había una razón por la que no podía concretar el acto y lo respetó. Creo que eso me hizo sentir una enorme admiración y cariño por ella, tal vez hasta me enamoré. Me costaba concebir que una persona fuera tan comprensiva, y que estuviera tan dispuesta a darme todo ese cariño. Sentí que no lo merecía, pero que si podía hacer algo para hacerla feliz definitivamente lo iba a hacer, porque ella merecía eso y más. A pesar de todos los aspectos de ciencia ficción presentes en el sueño, el núcleo de la experiencia se centró en ella. Fue muy difícil despertar esa mañana, estaba enormemente confundido y triste, tenía la sensación de haber perdido a una gran amiga. Nunca sabré en quién se habrá basado mi cerebro para proyectarla a ella en un sueño, pues no conocía a nadie así. Tal vez por eso es que nunca mencionó su nombre.

Advertisements

Published by: Zhungate

Saludos! Soy un estudiante de traducción que por alguna razón tiene sueños muy locos. He creado este espacio en las interwebz para compartirlos con el mundo.

Categories DreamsLeave a comment

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s